Series y crisis: The Wire, la ciudad como protagonista

Una de las palabras que más ha tenido que escuchar nuestra generación ha sido «crisis», un término tan familiar que a base de repetirse ha acabado por desgastarse, puesto que en la última década se ha hablado de crisis económica, política, social, territorial (en el caso de España), crisis de representación (no nos representan), y por si éramos pocos, en el último año y medio, la que faltaba: crisis sanitaria. 

Esta circunstancia, en la que unas crisis se solapan con otras, quizá nos deba hacer pensar que estas, más que un estado pasajero, constituyen una característica de nuestro tiempo, lo que ahora se conoce como «nueva normalidad». 

Cuando la «caja tonta» dejó de serlo

Quizá la sensación de vivir en una crisis permanente (lo cual es, en sí mismo, un oxímoron) sea propia de todas las épocas de transición y cambios acelerados, como ya ocurrió a principios del siglo XX. De lo que no cabe duda es de que la última década ha puesto patas arriba el mundo tal y como lo conocíamos, pues a una crisis económica sin precedentes desde 1929 y a una revolución digital que ha inaugurado el “tecnopoder” de las grandes corporaciones le ha seguido una pandemia cuyo alcance todavía no acabamos de vislumbrar.

Este hecho ha coincidido, en el plano de la ficción, con el auge de las series de televisión, que han dejado de considerarse una “obra menor” respecto a su hermano mayor, el cine, para ocupar una posición central en las conversaciones de los cinéfilos, ahora reconvertidos en seriéfilos. Además, como toda manifestación cultural, las series contribuyen a dibujar el paisaje que nos rodea, expresando una determinada época y haciéndola más inteligible.

Por ello, no es de extrañar que buena parte de las series de mayor calidad de esta última década hayan abordado diferentes aspectos de las grandes crisis que estamos viviendo, y sus consecuencias. De este modo, con este artículo se inicia una sección con recomendaciones de series vinculadas a esta temática. 

De las páginas del Baltimore Sun a la pantalla de la HBO

Pese a que la mayoría de las series que aparecerán en esta sección serán post-crisis, por haberse estrenado después del 2008, comenzaré haciendo una excepción con The Wire, por ser una de las producciones que inauguró, a principios de siglo, lo que ya se conoce como la “era dorada de la televisión”, y por haber sido premonitoria en muchos aspectos, pues es probablemente la serie que mejor refleja las consecuencias de la desigualdad en las sociedades post-industriales.

Dirigida por David Simon, periodista especializado en la actividad policial del periódico The Baltimore Sun, esta obra maestra nos golpea directamente y sin anestesia con su crudeza, mostrándonos, de manera descarnada, la realidad de la ciudad de Baltimore, una de las zonas con mayores tasas de criminalidad y pobreza de Estados Unidos, donde solo la droga es auténticamente libre.

Debido a ello, ha sido incluso catalogada como una serie “marxista”, por hacer algo que no es muy habitual en la ficción, que es poner el foco principal no en los individuos, sino en las estructuras sociales y económicas que configuran nuestra vida. 

Cinco temporadas, cinco instituciones

Otra peculiaridad de The Wire es que el protagonista no es ninguno de sus personajes, sino la propia ciudad en sí misma, con sus relaciones de poder, corrupción y mecanismos para que la desigualdad y la violencia se perpetúen, y donde todo el mundo contribuye a retroalimentar el sistema, como piezas de un engranaje mucho mayor, de modo que sus vidas y su destino escapan a su control.

La reflexión más importante de esta serie no es que la ciudad esté en crisis por culpa de las drogas o la delincuencia, sino que estas son solamente expresiones de una crisis mucho más profunda, que está inserta en el ADN de la propia ciudad, herida de muerte por la desigualdad, por lo que el narcotráfico, la corrupción y la violencia son moneda de cambio y consecuencia directa de lo anterior. De esta manera, Simon se sirve de su experiencia periodística para hacer un retrato lo más fiel posible de la sociedad postindustrial y sus instituciones.

Los problemas y vicios que le son propios se encuentran todos ellos interrelacionados, y son  diseccionados a través de cada una de sus cinco brillantes temporadas, que abordan diferentes instituciones, desde la policía a los sindicatos de estibadores, pasando por la educación, la política o el periodismo. Una serie que huye de maniqueísmos y simplificaciones, donde no siempre está claro quiénes son los verdugos y las víctimas, y el bien y el mal habitan a ambos lados de la ley, de modo que el espectador contempla como la línea que los separa se difumina en cada capítulo.

En definitiva, esta serie nos enseña que las crisis pueden ser sistémicas, penetrar en todas las dimensiones de la sociedad y generar su ley particular, de modo que la democracia, el periodismo, la educación o la justicia se convierten en papel mojado, mecanismos que no hacen sino perpetuar el orden de cosas existente.

Llegados a ese punto, solo nos queda el nihilismo o regirnos por nuestro propio código ético, como hace uno de los mejores personajes de la serie, Omar Little, quien decide crearse su propia ley y ser consecuente con su propia idea moral de justicia. Es decir, The Wire es el regreso al estado hobbesiano, donde el hombre es un lobo para el hombre.

Nacho28p
nacho2810p@gmail.com
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