A propósito de Woody Allen: medio siglo de genio

El año 2020 fue un año muy prolífico para una de las figuras más relevantes del cine del último medio siglo, que no es otro que Woody Allen, pues además del estreno de “Rifkin´s Festival”, rodada en nuestro país, este fue el año en el que por fin vieron la luz sus memorias. En ellas, el incombustible genio neoyorkino nos ofrece un relato de su experiencia en el mundo del cine y la comedia, donde lleva 50 años haciendo las delicias de muchos cinéfilos, que continúan revisitando el universo familiar que han creado sus películas. 

En una entrevista concedida recientemente, Woody Allen aseguraba que no concibe el cine al margen del entretenimiento, por lo que su entusiasmo por  algunos de sus directores de referencia, como Ingmar Bergman, François Truffaut o Luis Buñuel se basa precisamente en la capacidad de estos autores para ofrecer “un entretenimiento muy bien hecho, a la vez que tratan temas profundos”. De esta forma, Allen contradice (una vez más) a aquellos críticos que ven el entretenimiento como la antítesis de la profundidad y complejidad.

Pero seguramente la mejor demostración de que ambos elementos no son ni mucho menos incompatibles lo encontramos en su filmografía, donde ha sabido complementar como nadie el humor, el ingenio y la ironía con algunas de las grandes cuestiones que rodean la existencia humana: las relaciones de pareja, el amor y desamor, el miedo a la enfermedad y la muerte, la religión como consecuencia de lo anterior, la búsqueda de la trascendencia, el esnobismo o la amoralidad. 

Una gran variedad de temas que ha ido abordando, de una forma o de otra, a lo largo de sus casi 50 películas, motivo por el que también se le ha criticado, bajo el argumento de que Woody Allen “siempre hace la misma película”. Quizás haya algo de cierto en esta frase, precisamente porque lo que hace Allen en la mayoría de sus obras es utilizar la comedia como medio para explorar la condición humana, que no varía, aunque lo que cambien sean nuestras circunstancias. De esta manera, el director utiliza el humor para situarnos frente al espejo, empleando las sátira para describir nuestras fobias, inseguridades y comportamientos neuróticos, de tal manera que, pese a la exageración, todos nos podemos sentir identificados en algún momento con sus personajes.

A continuación dejo tres recomendaciones de algunas de sus mejores películas, aunque resulte difícil escoger dada su extensa obra y la calidad de muchas de ellas. 

Annie Hall (1977)

Esta cinta le valió a Woody Allen el Óscar a mejor película y le catapultó a ser una estrella en el mundo del cine, a pesar de haber sido siempre reacio a este tipo de galardones y a la opinión de la crítica en general, como lo prueba el hecho de que ni llegó a acudió a la ceremonia, al preferir quedarse a tocar con su banda de Jazz en su pub de Manhattan. Esta película marca además un punto de inflexión en la carrera del artista, pues después de cultivar la comedia pura y dura con películas como Toma el dinero y corre o Bananas, en esta cinta se aventura en el terreno de la comedia dramática. 

De este modo, sin dejar de lado su humor característico, se adentra en algunos de los grandes temas que después han acompañado toda su filmografía. Se trata de la historia de una relación cuya ruptura se nos anuncia desde el principio, por lo que los flashbacks y la narración que el protagonista hace de su propia vida nos van revelando, poco a poco, la evolución y los altibajos que experimenta dicha pareja, que conforman un neurótico y divorciado Alvy Singer (interpretado por Woody Allen) y una tímida pero vitalista Annie Hall, a la que encarna Diane Keaton, que va poco a poco  comprobando sus diferencias con Alvy.

Pese a los muchos intentos de revitalizar su relación, finalmente, este tiene que conformarse con crear una ficción, en forma de obra de teatro, en la que su historia con Annie acaba de forma distinta, explicándole a la cámara que lo hace debido a que ya que la realidad no puede ser perfecta, al menos sí podemos hacer que el arte lo sea. 

Frase de la película: Un hombre busca la ayuda de un psiquiatra: su hermano cree que es una gallina. El doctor pregunta por qué no internar a una persona que está mal de la cabeza. Lo haría, responde el hombre, pero es que sigo necesitando los huevos. Así es como veo las relaciones, son irracionales, absurdas y nos hacen sufrir; pero seguimos buscándolas porque queremos los huevos”. 

La rosa púrpura de El Cairo (1985)

La que Woody Allen ha llegado a definir como su película favorita de todas las que ha dirigido no es otra que “La rosa púrpura de El Cairo”, en la que, como sello característico del director neoyorkino, ficción y realidad vuelven a ir de la mano. En este caso, la protagonista es una camarera a la que interpreta Mia Farrow, que se encuentra en medio de la Gran Depresión y con un marido detestable, por lo que encuentra su refugio en el cine.

Es precisamente en ese lugar mágico donde, después de acudir de nuevo a ver su película favorita, el héroe de dicha cinta se fija en ella, por ser su espectadora más asidua, y salta de la pantalla al mundo real para conocerla. Allen da así rienda suelta a los deseos de más de un cinéfilo, que a buen seguro alguna vez ha deseado conocer a algún personaje de sus películas favoritas. En esta comedia fantástica la ficción se nos revela como una tabla de salvación para sobrellevar mejor la carga del mundo que nos rodea. Además, tiene una frase que bien podría haber sido premonitoria de los tiempos que vivimos actualmente. 

Frase de la película: “La gente real quiere una vida ficticia y la gente ficticia quiere una vida real”.

Delitos y faltas (1989)

En esta cinta Woody Allen se mete de lleno en el plano de la moral, y más concretamente en la responsabilidad que recae sobre los hombros de los seres humanos una vez hemos dejado atrás la fe y a Dios como una brújula para guiar nuestras acciones. Los dilemas a los que nos enfrentamos una vez hemos asumido dicha circunstancia se nos plantean a través de dos personajes cuyas historias transcurren en paralelo.

Por un lado está Judah, un oftalmólogo de renombre, que pese haber sido educado en la fe en Dios y en la idea de la culpa, ha rechazado estas concepciones, que sin embargo afloran cuando ve cómo su reputación y su matrimonio pueden irse por la borda ante la amenaza de su amante de sacar a la luz su relación, lo que le obliga a tomar una decisión al respecto.

Por otro lado está Clifford, un hombre a quien da vida el propio Woody Allen, que es un director de documentales frustrado que se ve obligado a rodar una película sobre su cuñado, un narcisista al que detesta, pero que es un productor televisivo de éxito, todo lo contrario a él. Los avatares que les ocurren a estos dos personajes permiten reflexionar sobre la moral, la justicia, la existencia de Dios y las consecuencias de nuestras acciones, de hecho el propio título de la película recuerda al de “Crimen y castigo”, de Dostoyevski. 

Frase de la película: “Nos definimos a nosotros mismos según las decisiones que hemos tomado, en realidad somos la suma total de nuestras decisiones».  

En definitiva, como diría el propio Woody Allen, si lo tuyo con su cine no ha sido amor a primera vista, quizá debas echarle otro vistazo. 

Nacho28p
nacho2810p@gmail.com
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